OTRO, Somos el río, en el Primer Festival de Videopoesía de la UNGS

Proyección de videopoemas seleccionados en el 1er. Festival de Videopoesia UNGS. Obras de artistas provenientes de Canada, Francia, España, Italia, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, Argentina. — con Juan Miceli, Paula Pellejero, Clemente Padin, Anabella Speziale, Angela Caporaso, El Taller de Zenon, Daniel Romano, Debora Daich, Laura Spedale, Gabriel Martin, Tom Konyves, Ángel Jara, Tulio Restrepo, Lilian Gutierrez, Gabi Alonso y Lauu Carolina en Multiespacio Cultural UNGS.

OTRO, en Fundación Esteban Lisa.

 

 

DANIEL ROMANO
en Fundación Esteban Lisa
Curaduría: Mariana Rodriguez Iglesias

Inauguración: 3 de mayo de 2017. 19 hs
Cierre: viernes 2 de Junio de 2017
ROCAMORA 4555, Villa Crespo. Buenos Aires, Argentina.

Entrada libre y gratuita.
Se podrá visitar de lunes a viernes de 15 a 20hs.

Texto de sala:
Yo soy un OTRO, obras de Daniel Romano en Fundación Esteban Lisa

Instrucciones de uso
Un sistema, lo único que falta es lo OTRO: usted

“Por lo demás, yo estoy destinado a perderme,
definitivamente, y sólo algún instante de mí
podrá sobrevivir en el otro”
Jorge Luis Borges, Borges y yo

Estimado espectador, le sugerimos que aborde la siguiente exposición con una predisposición a hacerla propia. Lo invitamos a ocuparse de la enorme responsabilidad de ser espectador, a hacerse cargo de ese terreno conquistado en duras batallas a medias entre ud. y el artista (un Ud. histórico, quédese tranquilo, no ese particular que sostiene este documento entre sus manos y un artista abstracto, ese que de a poco fue liberado de la necesidad de ser un genio).

Como ya sabe, desde que Marcel Duchamp firmó ese mingitorio que había comprado en un negocio de repuestos para el hogar y lo exhibió en un premio sin mayores modificaciones que haber girado su orientación habitual, pedirle al espectador que sólo mire, recorra y busque algo en lo meramente retiniano de la experiencia estética, dejó de ser una opción viable. Hoy, más que nunca, al arte contemporáneo antes que contemplación, se le pide curiosidad.
A ud. le toca participar, le toca ser parte de la obra… comprometerse con la parte “abierta”. Pero claro, tampoco estamos aquí frente a una obra interactiva; en todo caso, su participación se limitará a resolver los misterios detrás de esta exposición –aquellos en los que ud. elija poner el foco. Por eso, le proponemos tenga siempre en la punta de la lengua la siguiente pregunta ¿qué está pasando aquí?

Yo soy un OTRO
“Cuando creo que lo tengo, se me va”
Nelly

OTRO se compone de varias piezas, todas ellas apuntando en una misma dirección. Eso que queda suspendido, que toma más vuelo o se apoya con mayor firmeza en ciertas piezas, es algo bastante inasible y difícil de definir. Tal vez por eso, este texto lleva varias palabras acechando la idea sin poder atraparla. Eso que no se deja alcanzar en esta exposición es la pregunta por lo que los OTROS “nos hacen” en relación a nosotros. O, puesto de otra manera, en cómo al asumir e indagar en la existencia de un OTRO podemos reconocer nuestra identidad.

Como el río de Heráclito, en el que no nos bañamos nunca dos veces siendo la misma persona, la vida interior de esta exposición está en constante estado de fuga. Se nos escurre. Las pocas referencias que se nos ofrecen son lejanas, desconocidas o están tan mixturadas entre sí que construyen algo nuevo, híbrido. Tomemos el caso del video Somos el río, en el que vemos desfilar, en un pasaje gentil de rostro a rostro, numerosos personajes que no son nunca una sola persona. En resultado es una extrañeza de seres. Por definición, OTROS.

Lo OTRO, según la perspectiva lacaniana, puede ser vinculado también al orden simbólico y el lenguaje: de alguna manera, un límite y aquello que está en lugar de una ausencia. Este rasgo de alteridad se encuentra presente en la serie Inter-locución en la que se hace constante alusión a un tercero inexistente. Ese tercero es el vínculo, la pauta que reúne una imagen con otra. Dada la alta carga narrativa de cada imagen, nuestro lenguaje –la manera que aprendimos a aprehender el mundo– nos exige un coeficiente de sentido entre dos pares montados por yuxtaposición. Esa tarea, el artista se la deja al espectador, en una semiosis infinita nunca fija, nunca cerrada, un permanente juego.

Si lo pensamos desde la filosofía de G. Leibniz, lo OTRO representa una vigilia constante, el insomnio del sentido, lo que siempre lo mantiene más allá de cualquier intento de captura. En este caso, podemos hallarlo representado en Nosotros, una fotografía adquirida por el autor en un viaje al otro lado del mundo que conocía. Un objeto desnaturalizado de su uso inicial para adquirir una nueva función: la de ser aquello que nos recuerda acerca de la imposibilidad de comprenderlo todo, a pesar de cualquier esfuerzo por hacer entrar a cientos de personas en un mismo encuadre fotográfico.

Mariana Rodríguez Iglesias
Nuñez, Otoño 2017

HUNT. Surface games.

HUNT Daniel Romano paintings
HUNT Daniel Romano paintings

HUNT
DANIEL ROMANO
paintings

OPENING
WEDNESDAY, JULY 1, 2015.
6.00 – 8.00 pm.
RSVP: galleries@cnyor.com
Exhibition will be open to public through July 31.
Monday to Friday 11 am to 5 pm.

CONSULATE GENERAL OF ARGENTINA IN NEW YORK
12 West 56 Street , New York
Tel (1) 212 – 603-0400 – Fax (1) 212 – 541-7746

Curator text, by Federico Baeza

Surfaces Games

Masks are arrested expressions and admirable echoes of feeling, at once faithful, discreet, and superlative. Living things in contact with the air must acquire a cuticle, and it is not urged against cuticles that they are not hearts; yet some philosophers seem to be angry with images for not being things, and with words for not being feelings. Words and images are like shells, no less integral parts of nature than are the substances they cover, but better addressed to the eye and more open to observation.

George Santayana, Soliloquies in England and Later Soliloquies, 1922.

 

Figures dimly emerge from mist, a barely colored whiteness, so thick that it only allows us to recognize the presence of subtly outlined bodies on a background without horizons or apparent landforms. Insinuated silhouettes, elusive lines and tones. Surrounded by this dense atmosphere, we are examined by the frontal and symmetric presence of deer heads that overlap with these vaguely outlined human anatomies.

The grimace on these heads shows an impending threat; something is stalking them. As in TV documentaries about wild life in dense woods, arid steppes or green plains, the face of the deer seems to be frozen in the exact moment it detects the hunter. Its head turns violently, upright ears point at danger, its minute, dark and blank eyes sense us. On the surface of the painting, in this evening clarity suspended in time, the eyes of the deer are cracks, notches of unsaturated colors.

In the room you are going through, figures appear to be looking for each other; they observe and suspect each other; they are on guard. Alone, or in pairs, they look at each other. You may think that the face of the deer is a mask, and that the hunter´s imagination has imprinted that deer’s mask as a code for what he considers his prey.

At the end of the 1950s, Erving Goffman recalls that the original meaning of the word person is mask. The father of microsociology found this etymological origin very useful: in the little scenes of our relationships, in our wishes, in our hunting targets, we create roles, masquerades, surfaces games that we use to decode the enigma that the other represents and, at the same time, to create an image of ourselves.

In the clarity of the pictorial surface you are observing, the outline of the hunter does not appear. Maybe his territory is not permanent; this predator can be a floating place, some sort of mist that impregnates all the space in the room. A blurred hunter within the environment. These bodies can be predators and prey at the same time when they look at each other alternately. This is a game of reflections and transparencies, a land of attempts, between actions and predictions, steps forward and setbacks.

In the series Hunt, Daniel Romano wonders once again about a situation that has been keeping him awake for some time: the perimeter of our interpersonal relationships, the invisible threads that coordinate calculations and tactics within the winding limit of our closest bonds. Within these personal politics, there are surfaces games, mirrors where we, and the others, create a profile. Masks, skins, cuticles, arrested expressions and admirable echoes of feeling. In the image, in the painting, wishing appears. It is not urged against cuticles that they are not hearts.

Federico Baeza 


(Buenos Aires, Argentina, 1978) He is researcher, critic and teacher specializing in contemporary art. He graduated in arts and history and art theory at the Faculty of philosophy and letters by the University of Buenos Aires. He received doctoral scholarships awarded by the University of Buenos Aires and CONICET. It has developed research in the Centre for studies and documentation of the MACBA (Barcelona) around the heritage of the institution on Argentinian conceptual artists. More recently, he works in the field of arts management developing curatorships as the project of a retrospective of Argentine artists of the last ten years to cycles of talks scheduled from the area of University extension of IUNA and OSDE Foundation. It is currently director of extension and institutional linkage, Adjunct Professor of undergraduate and graduate in the area of criticism of Arts IUNA. He is co-author of three books on Visual and performing arts, publishes articles on contemporary art in journals, write catalogues of artists and regularly participates in conferences and other national and international meetings for a decade. It develops research and scripts for Encuentro channel about contemporary art.

HUNT. Juego de Superficies.

HUNT Daniel Romano paintings
HUNT Daniel Romano paintings

HUNT
DANIEL ROMANO
paintings

Inauguración: 1 de Julio de 2015
Horario: 18.00 a 20.00 hs.
Cierre: 31 de Julio
Dirección: CONSULATE GENERAL OF ARGENTINA IN NEW YORK, 12 West 56 Street , New York
Telefono: (1) 212 – 603-0400 – Fax (1) 212 – 541-774
Horario: Lunes a Viernes de 11 a 17 hs.

HUNT. Juego de Superficies.

Texto Curatorial, por Federico Baeza.

Las máscaras son expresiones fijas y ecos admirables de sentimientos, a un tiempo fieles, discretas y superlativas. Los seres vivientes, en contacto con el aire, deben cubrirse de una cutícula, y no se puede reprochar a las cutículas que no sean corazones. No obstante, hay ciertos filósofos que parecen guardar rencor a las imágenes por no ser cosas, y a las palabras por no ser sentimientos. Las palabras y las imágenes son como caparazones: partes integrantes de la naturaleza en igual medida que las sustancias que recubren, se dirigen más directamente a los ojos y están más abiertas a la observación.

George Santaya, Soliloquies in England and Later Soliloquies, 1922.

Las figuras emergen débilmente de la bruma, una blancura apenas coloreada pero tan espesa que sólo permite reconocer la presencia de cuerpos sutilmente recortados sobre un fondo sin horizontes ni accidentes aparentes. Contornos sugeridos, líneas y tonos elusivos. En la densa atmósfera nos interpela la presencia frontal y simétrica de unas cabezas de ciervo que se yuxtaponen a estas anatomías humanas vagamente esbozadas.

El rictus de estas cabezas señala una amenaza inminente, algo las acecha. Como en los documentales de la televisión sobre la vida natural en densos bosques, áridas estepas o verdes llanuras, el rostro del ciervo parece detenido en ese momento en el que ha detectado a su cazador. Su cabeza gira violentamente, las orejas alzadas apuntan en dirección al peligro, sus ojos diminutos, oscuros, inexpresivos, nos intuyen. En la superficie de la pintura, en esta claridad vespertina suspendida en el tiempo, los ojos de los ciervos son hendiduras, muescas de colores con poca saturación.

En la sala que ahora usted está recorriendo las figuras parecen buscarse entre ellas, observarse, recelarse, ponerse en guardia. Solitarias, o en pareja, se devuelven la mirada recíprocamente. Podría pensarse que el rostro del ciervo es una máscara, también que la imaginación de un cazador ha impreso esa máscara de ciervo como un código sobre aquello que considera su presa.

A finales de la década del 50 Erving Goffman recuerda que el significado original de la palabra persona es máscara. El padre de la microsociología sacó mucha utilidad de este origen etimológico: en las pequeñas escenas de nuestras relaciones, en nuestros deseos, en nuestros objetivos de caza, construimos roles, mascaradas, juegos de superficies en los que intentamos descifrar el enigma que el otro representa y, simultáneamente, nos damos una imagen de nosotros mismos.

En la claridad de la superficie pictórica que usted ahora observa, los contornos del cazador no se hacen presentes. Tal vez su territorio no se encuentre fijo, este depredador puede ser un lugar flotante, una suerte de niebla que impregna todo el espacio de la sala. Un cazador difuminado en el ambiente. Estos mismos cuerpos pueden ser al mismo tiempo depredadores y presas al mirarse alternativamente, se trata de un juego de reflejos y transparencias, un terreno de escarceos, entre acciones y previsiones, adelantos y retrocesos.

En la serie HUNT Daniel Romano vuelve a preguntarse por un escenario que hace tiempo lo desvela: el perímetro de nuestras relaciones interpersonales, los hilos invisibles que coordinan cálculos y tácticas en el sinuoso perímetro de nuestros vínculos más próximos. En estas políticas de lo personal existen juegos de superficies, espejos en los que propios y ajenos conjuran un perfil de sí mismos. Máscaras, pieles, cutículas, expresiones fijas y ecos admirables de sentimientos. En la imagen, en la pintura, se conjuga el deseo. No se puede reprochar a las cutículas que no sean corazones.

Federico Baeza, curador.

(Buenos Aires, Argentina, 1978) es investigador, docente y curador especializado en arte contemporáneo. Es licenciado en Artes y doctor en Historia y Teoría de las Artes en la Facultad de Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es becario postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones (CONICET), ha obtenido anteriormente becas doctorales otorgadas por la UBA y el CONICET desde 2010. Más recientemente, se desempeña en el campo de la curaduría desarrollando exhibiciones y actividades en el país. Obtuvo el Primer Premio en el Programa Jóvenes Curadores en la edición de arteBA 2014 y el Primer Premio del Concurso Curadores 10° Aniversario Macro 2014. Actualmente es director de Extensión Universitaria, profesor adjunto de grado y posgrado en el Área de Crítica de las Artes de la Universidad Naciona de las Artes (UNA). Es coautor de libros sobre artes escénicas y visuales, publica artículos sobre arte contemporáneo en revistas especializadas, escribe en catálogos de artistas y participa en congresos y otros encuentros nacionales e internacionales regularmente desde hace más de una década.

PAR / inauguración en Arte x Arte

romanoVIRTUAL-virtual

PAR / Daniel Romano
Muestra de fotografías en ARTE X ARTE.
INAUGURACION SABADO 31 DE AGOSTO – 13 hs. / Cierre 27 de septiembre de 2013.

De martes a viernes de 13.30 a 20 hs. Domingos, lunes y feriados cerrado.
FUNDACIÓN ALFONSO Y LUZ CASTILLO
GALERIA DE FOTOGRAFÍA VIDEO Y NUEVOS MEDIOS
Lavalleja 1062, Buenos Aires, Argentina / +54 11 4772-6754 / 4773-2738

Los espero ahí!

ALTAR / La fe, el arte, el altar y la instalación, por Julio Sanchez.

El altar de la ruta es como la punta de un iceberg. Arriba, en la superficie se ve apenas un noveno de lo que hay abajo. Lo que hay abajo no está enterrado sino que está constituido por las decenas de preguntas que se hace Daniel Romano (y todos los que alguna vez fuimos atraídos por ese imán mágico): ¿qué mueve a las personas a inaugurar un espacio propio de oración?, ¿por qué en las rutas?, ¿qué piden?, ¿qué agradecen? , ¿por qué la devoción a tal o cual santo?, ¿cómo se inicia la devoción?, ¿cómo se mantiene?. Todas estos interrogantes parecen las de un profano, seguramente quien eligió un lugar al costado de la ruta, levantó ladrillo por ladrillo aquella pequeña capilla, la pintó de rojo y emplazó una estatuilla del Gauchito Gil tiene todas las respuestas. La fe parece haberse divorciado del hombre urbano, más afecto a la razón que al corazón. O quizá haya llegado el momento histórico en que los pequeños altares de ruta, que cada vez son más, que cada vez adoptan más y nuevas figuras sagradas, empiecen a roer la corteza dura de la razón. El fenómeno es muy, muy viejo y eclosionó en la Edad Media, en aquellos lugares donde ocurrió el milagro, donde se encontró una reliquia, o donde simplemente apareció un ser superior capaz de curar, restaurar o vencer las fuerzas negativas. El suceso extraordinario marca el territorio sagrado, todo alrededor de él se transforma, la primera vela que se enciende para honrar al santo inicia una secuencia infinita que parece nunca acabarse, en este mismo momento un devoto está encendiendo un fósforo para iluminar una imagen.

Que las imágenes salgan del espacio sagrado de una iglesia no es un dato menor. La fe dogmatizada, aquella de los preceptos rígidos, fue mermando, tal como lo dice el Tao, lo rígido muere, lo blando permanece. En realidad uno puede pensar que la fe no muere sino que se transforma, se sale de los espacios “autorizados” y se filtran en los espacio cotidianos, en un rincón urbano, al costado de la ruta, en algún lugar insípido que por obra de quien sabe que potencia, se transmuta en un centro de atracción y hasta de peregrinación. Los que frecuentamos museos, galerías y centros culturales, los que conocemos el término “instalación”, muchas veces nos vimos tentados de considerar esos altares multiformes como verdaderas expresiones artísticas; el despliegue de objetos, colores y olores, bien podría recrearse en algún taller de artista. Daniel Romano aprovecha este creatividad para ubicar su propio altar en un territorio ambiguo entre la fe y el arte. Su propio altar está acompañado por más de un centenar de fotografías de otros altares, donde se pueden ver los rostros mudos de San Expedito, la Difunta Correa, San Lamuerte, la Virgen de Fátima, la Virgen Desatanudos, Ceferino Namuncurá, Pancho Sierra y el Gauchito Gil entre otros tantos, una galería de santos viejos y jóvenes, clásicos y de moda. Ellos no están solos, además de las velas omnipresentes hay ofrendas, de procedencias tan variadas que desafían a la imaginación más audaz, todo esto está testimoniado en un trabajo de antropólogo-sociólogo-artista que ha demandado varios meses de viajes, observación y registro.
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A tono con la época, Daniel Romano rescata un fenómeno social cada vez más fuerte, la vigencia de la fe popular, su transformación constante, y sobre todo el uso de un lenguaje expresivo que a todas luces parece compartir con el arte contemporáneo.

Julio Sánchez
Licenciado en Historia del Arte U.B.A. y
Master en Gestión Cultural

Afirmación de la ausencia

Afirmación de la ausencia
Francisco Roldán
Rosario, año 2012

´cuando un discurso es de tal modo arrastrado por su propia fuerza en la deriva de lo inactual, deportado fuera de toda gregariedad, no le queda más que ser el lugar, por exiguo que sea, de una afirmación…´
Roland Barthes

El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información no ha hecho más que profundizar una brecha ya existente antes de su sigiloso advenimiento. Luego de un apagón financiero y dos grandes guerras mundiales, la exaltada racionalidad del funcionalismo modernista y su certeza en torno a un progreso indefinido, ilimitado, fue cediendo paso a paso frente a una nueva escansión fundante, hasta colapsar, hasta diseminar el derrumbe desde sus bordes más alejados hacia el centro mismo de la escena.

Esa nueva instancia, a la cual filósofos y estudiosos de las ciencias sociales dieron en llamar ´posmodernidad´, ha venido desarrollándose incansablemente bajo el sol de los nuevos acontecimientos (políticos, económicos y sociales) y el rigor de otras apariencias o inestabilidades (financieras).

En el terreno de las artes, este laboreo ha dejado de asumir gradualmente un rol de legitimación del discurso central (probablemente en manos del ´museo´) y de algunas de sus satelizaciones (la crítica ´obediente´) para dar lugar a zonas o espacios de relativa autonomía. En dichas zonas, las producciones que antes trasuntaban en la órbita de las periferias hoy tienen la chance de trabajar sobre si mismas o en torno a construcciones similares (aquellas que comparten ciertas porciones de un mismo imaginario) generando de esa manera un protagonismo radical producto de una actividad que bien podríamos denominar ´autorreferencial´, claramente categorizada por Gianni Vattimo en uno de sus textos más relevantes y emblemáticos acerca del posmodernismo1. Desde este punto de vista, para las formas productivas devotas de la posmodernidad resulta imposible no transparentar al menos parte de dichos mecanismos autorreferenciales, a través de los cuales buscamos develar o más bien exponer, inevitablemente, un entramado lógico como una suerte de racionalidad a partir de la cual continuar exponiendo el mundo.
Pero en términos de esto que consignamos: qué significa ´exponer´ el mundo hoy…? Sin lugar a dudas, este interrogante configura una manera de plantearnos otra nueva inestabilidad: la de la fragmentariedad tanto de los procesos productivos como de sus convergencias. Tal como lo señalamos anteriormente, la matriz posmoderna dinamiza la alternancia de los centros y las periferias entre si, calcando increíblemente a una de las más recordadas sentencias inscritas en el Libro de los veinticuatro filósofos: ´Dios es una esfera infinita cuyo centro se halla en todas partes y su circunferencia en ninguna´2.

A partir de esta nueva disposición de fuerzas (fragmentariedad y alternancia de centro/periferia) las improntas revisionistas que otrora validaban retrospectivamente un género literario o pictórico, dan lugar a una combinatoria que en muchos casos puede presentarse como realmente vertiginosa o, como lo señalaba Giles Deleuze a propósito de la construcción del espacio en el cine de Bresson, un blend logrado a partir de ´pequeños fragmentos desconectados, pequeños trozos en los que la conexión no está predeterminada´3. Contextualizando dicha analogía, podemos afirmar que una de las tematizaciones importantes que se dan en base a esa construcción fragmentaria y periférica es la del retrato, que en sus orígenes comenzó operando como ´genero de culto´, absolutamente central, para luego ir experimentando una gradual dispersión que lo puso a las puertas de etiquetarlo como ´genero menor´. De esta manera, producir retratos en pleno siglo XXI, en el seno de una sociedad hiperconectada y sobreinformada, pero atravesada por fenomenales crisis políticas y económicas de escala global, resulta antes que nada un gesto capaz de inscribir, ideológicamente hablando, una marca de productividad, un trayecto cuyo rastro vital descorre el velo sumiso que se templa sigilosamente entre los bordes y su centro.

La serie de retratos de Daniel Romano no cesa de inscribirse en ese espacio de alternancias, afirmaciones y -porqué no- pequeños desplazamientos, aliteraciones. Tratándose de producción de retratos, resulta ineludible tomar cuenta de ciertos elementos que hacen a su dimensionamiento como relato. Así, los retratos entendidos en si mismos como enunciados (o relatos) dotados incluso de las instancias de enunciación y enunciado, son capaces de construir un discurso a través del flujo y reflujo de sus figuras/ personajes en interacción con la mirada ´ausente´ del artista o el espectador.

Los personajes de los retratos de Daniel buscan sobreponerse a una especie de
opalescencia de la mirada (la propia, la suya, la nuestra) que bien podría entenderse como la instalación de la ´ausencia´ en tanto valor relacional.
En ´hombre sentado´ (D.R. hombre sentado. 2006. Ver imagen) por ejemplo, la figura asume poco menos que una posición provocadora, relajada, distendida, dispuesta casi a lo ancho del cuadro en una abierta configuración gestual que traduce una instancia de interpelación: la mirada fija, la cabeza levemente inclinada hacia nuestra derecha, la camisa blanca entreabierta y arremangada, en tanto que la mano derecha, de palmas abiertas, nos embarca en un clarísimo mensaje que decodifica ´receptividad´: es la mano, quizás el cuerpo entero, quien recoge expresamente el tamaño de aquello que la mirada retiene o fija como ausencia huidiza, demanda, demora.

hombre sentado acrilico daniel romano
daniel romano, hombre sentado. 2006.-

´El otro se encuentra en estado de perpetua partida´, señala Roland Barthes en su recordado Fragmentos de un discurso amoroso4, a propósito de la figura de la ausencia. En los retratos de Daniel Romano, esa ausencia es producto del tráfico formal que señalábamos antes, donde la disposición de las figuras, la impronta de los gestos y la ecuación general de la composición construyen, ´especularmente´, una suerte de mirada fuera del cuadro, pero tematizada en el cuadro.
La temática de Daniel se encuentra bien diferenciada de producciones que hacen centro en la soledad existencial, tal como puede verse quizás en Hernán Bas. Allí, la soledad, la ausencia, es más bien el producto de una elección que asoma por fuera del hecho artístico, de la mano del autor, el anecdotario del espectador o de la crítica misma, antes que una consecuencia estrictamente formal.
En ´sin título´ (D.R. sin título. 2006. Ver imagen) la relación que bosquejamos alcanza un grado más de complejización, ya que formalmente podemos encontrar una clave más que interesante, que hace a la puesta en contexto de la figura de mujer que anda (o desanda…?) un camino.


daniel romano, sin titulo. 2006.-

La ausencia, en tanto figura relacional, no puede desplegarse sino a partir de quien permanece en la espera. Hay en ello una suerte de ley, de necesaria puesta en escena que hace a la fructífera confluencia/ disfluencia de esta dupla imperfecta, ya que quien se ausenta lo hace de algo o de alguien que casi siempre permanece en su sitio, en su damero, en su insólito lugar de alternancia.
´Sin título´ nos despliega exactamente eso: escenifica a quien parte y quien reside, a quienes enuncian (el artista) y quienes son enunciados (los personajes) rumbo a una trama narrativa tan rica como inesperada, ya que la continuidad y la resolución de la historia permanecen de momento en un estado performativo, es decir, con final abierto.

Otra de las producciones sintomáticas de Daniel Romano, ´esperando turno´ (D.R. esperando turno. 2007. Ver imagen) trabaja otro registro de la ausencia: el de la confrontación de la ausencia, el de la ausencia en presencia. Más allá de cualquier referencia más o menos velada a las producciones de David Hockney, Edward Hopper o bien al celebrado Grant Wood (el de ´american gothic´)5, el trabajo de Romano busca colmar la combinatoria de posibilidades arrancando en este caso desde la disposición de sus personajes, quienes se presentan en una especia de ´grado cero de la gestualidad´: ninguna expresión, ninguna movilidad u oscilación; nada que permita suponer siquiera alguna mínima intención de exteriorizar un sentimiento, ningún cruce, ningún relevo… nada, excepto ese toque languidecente de desrealidad que todo lo puede.

En este caso, vemos que los personajes mismos reacondicionan las categorizaciones sobre las que veníamos trabajando anteriormente, migrando de aquello que podíamos llamar ´la presencia de una ausencia´ a una ´ausencia en presencia´, ya que ambos están absolutamente desconectados entre sí aunque envueltos en un ´clima´ de ascesis total que dispara una especie de ´locura de las interpretaciones´: esperando turno en consulta médica…?, esperando la mirada animadora de los interpretadores (nosotros)…?, o simplemente la ´espera´ como figura retórica, como un hecho absoluto, con peso específicamente propio…?. Tal la amplitud de banda que esta producción en particular.

daniel romano
daniel romano, esperando turno. 2007.-

Esta serie de retratos de Daniel Romano nos presentan a la ´ausencia´ como un valor de contigüidad (se está solo frente a otro o solo junto a otro: en pleno siglo XXI, y profundamente aislados por una sociedad hiperconectada). Pero esta misma tipificación es la que los coloca en un giro envolvente que los realza hasta su propio estrabismo, hasta su impropio punto de indefinición. De allí el perfume intensamente narrativo que despiden, tras esa atmósfera inquietante…

> francisco roldán
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Notas y comentarios
1 – El texto al que aludimos es El fin de la modernidad. Giani Vattimo. Ed. Gedisa, Barcelona 1986.-
2 – Este pasaje del Libro de los veinticuatro filósofos (Liber viginti quattuor philosophorum. datado en el siglo XXII y de
autor anónimo) es contextualizado por Jorge Luis Borges en un relato memorable titulado La esfera de pascal. Dicho relato forma parte de Otras inquisiciones. Otras inquisiciones. Ed. Emecé, Buenos Aires 2005.-
3 – Pasaje extraído de Qué es el acto de creación…?. Giles Deleuze. Conferencia dada en 1987 (traducción de Bettina
Prezioso, 2003).-
4 – Fragmentos de un discurso amoroso. Roland Barthes. Ed. Siglo veintiuno, México 1993.-
5 – Puntualmente nos referimos a Mis padres de David Hockney (1977), Lobby de hotel, de Edward Hopper (1943) y American Gothic de Grant Wood (1930), quienes de alguna u otra forma ideologizan, tomando posición sobre cuestiones tales como la rutina, la monotonía y el rigor laico en tanto forma de vaciar figuras netamente relacionales.-