PAR, una crítica de @rayovirtual en Diario Perfil.


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El mundo es. Pero no sabemos cómo es. Lo vemos tal como nuestros ojos son capaces de producirlo. La belleza (o el horror) están en la mirada. Mirar no solo es una operación que genera el mundo tal como lo conocemos sino que, además, dice (mucho) de nosotros. El proceso de mirar es autobiográfico. Al hablar (no importa de qué hablemos), contamos nuestra vida. “Nadie es más encantador que cuando habla de sí mismo”, dijo Oscar Wilde y, como siempre, tiene razón. Vivimos escribiendo (pintando, fotografiando, esculpiendo) nuestras memorias. Registramos lo que vamos olvidando; lo que vamos inventando. En la muestra Par, de Daniel Romano, se pone en escena la forma en que el artista encuentra el discurso para contarnos su vida: enmascararse en los otros; esconderse en el mundo.

Como un cazador oculto, Romano captura imágenes de parejas en el instante en el que cada uno de los dos miembros parece el eco del otro. En sus fotografías (sus “capturas”) no se ven esas parejas dichosas de festejar en público el amor que no sobrevive a la intimidad, sino una intimidad tan apabullante que pasa desapercibida. Ser, en estas fotos, es ser de a dos. Es visible que todos estos pares se sentirían heridos si les faltara una parte: el otro.

Pareciera que Romano -que en Par, obviamente, está cantando a su par- ha logrado retratar el mito del andrógino, tal como se lo narra en El Banquete, de Platón. Allí, el personaje de Aristófanes cuenta que en los viejos tiempos todos los seres humanos eran dos personas juntas, unidas por el tronco. Había personas que reunían a dos varones, otras a dos mujeres y, por último, los que reunían a un varón y a una mujer. Los dioses los separaron para debilitarlos y desde entonces todos andan en busca de su par.

A esa búsqueda que tiene como fin volver a sentirse completo es lo que llamamos “amor”. Pero el amor (para los griegos y también para nosotros, posmodernos) no es la pasión ciega que enloqueció a Tristán e Isolda o a Romeo y Julieta, sino la dicha tranquila que surge de compartir el camino con el amigo, sin demasiadas ilusiones, pero con mucha ternura. Esto es lo que Romano logró fotografiar en su serie Par.

Hay en estos retratos dobles un aire melancólico. No se trata de ningún temor por el presente o un recuerdo doloroso que insiste desde el pasado, sino de cierta conciencia difusa sobre la fragilidad de los vínculos. Es como si todas las parejas que aparecen en Par compartieran una misma lucidez: saber que el hallazgo del par fue obra del azar y que sobre esa inestabilidad se construyó el milagro compartido.

Es posible que si se toma cada una de estas fotos de forma aislada no funcionen de la misma forma que en el conjunto (algunas, sí, pero muy pocas). Hay que recorrer el conjunto o, al menos una buena cantidad de ellas, con la mirada para percibir ese temblor amoroso que circula de imagen en imagen. Par no es una mera muestra de fotos. Es un ejercicio espiritual. Hay un trabajo ascético en proceso. Una transformación que incluye al propio espectador. Es posible que después de contemplar (la palabra que elijo no es inocente) esta muestra, uno salga al mundo y descubra la belleza.

Ficha

Par
Fotografías de Daniel Romano
ArtexArte

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